jueves, 24 de mayo de 2012
La crisis a través de Internet
sábado, 19 de mayo de 2012
El primer año
miércoles, 18 de enero de 2012
Casilla de apoyo a la Ciencia en la Declaración de la Renta 0,7%
Al firmar la petición estarás enviando esta carta
Destinatario: Ministerio de Hacienda
Señores Ministros, en particular, Ministro de Hacienda,
Dado que gozan de mayoría política sin precedentes, controlando las dos cámaras legislativas y la mayor parte de las Comunidades Autónomas, les solicitamos que inicien procedimiento legal para incluir una casilla en la Declaración de la Renta que permita a los ciudadanos ofrecer el 0,7% de sus impuestos a invertir en I+D+i. Esta cantidad sería complementaria a la financiación por otras vías, y se sumaría a lo asignado en los presupuestos generales del Estado.
Los últimos gobiernos vienen recortando más y más el presupuesto en el desarrollo científico y tecnológico de nuestro país de una manera alarmante. Sean Ustedes conscientes de la cantidad de científicos españoles que emigran en busca de un lugar donde sean laboralmente respetados y mejor pagados.
La Ciencia es un camino hacia el conocimiento, pero no es sólo algo altruista; la Ciencia es útil y
necesaria. Sólo mediante la investigación subvencionada desde el Estado pueden los científicos trabajar independientemente y en beneficio de la sociedad. España necesita a estos profesionales de alta cualificación trabajando en buenas condiciones en beneficio de nuestro país. Una inversión en alta tecnología colaboraría a que España se colocase entre la élite mundial.
Nuestro objetivo es conseguir un número de firmas máximo, hasta el uno de febrero, para que nuestros representantes reflexionen seriamente sobre esta iniciativa y la hagan realidad en nuestras cámaras.
Muchas gracias y esperamos su respuesta.
Y una vez leído, a firmar!! Gracias
viernes, 7 de octubre de 2011
20 semanas
Ha pasado ya mucho tiempo desde que escribí mi hilo sobre La cuenta atrás cuando llevaba 20 semanas de embarazo y otras tantas por esperar (al final solo 18 de espera). Entonces solo podía imaginar como sería tener un bebé, trataba de verme como madre y sobre todo intentaba ponerle cara a la que sería mi niña. Ahora, 141 días después (son muchísimos) ya no tengo que imaginármelo.
Recuerdo los primeros días, cuando todas las mañanas a las 7 y 20 minutos le decíamos a la pequeña de la familia: “que bien cariño, hoy cumples 1, 2, 3 …. días”, luego eso cambió y ya solo contábamos las semanas, que se hicieron difíciles de seguir y empezamos a contar los meses. Y si no fuera porque sigo recibiendo semanalmente e-mails de páginas de maternidad varias, para mi Irene tendría 4 meses y 3 semanas.
¿Y que he aprendido durante estas 20 semanas?
Que aunque pensaba que mi vida estaba llena antes de ser madre y que era feliz y que podría seguir así el resto de mi vida ……….. ahora estoy más feliz y creo firmemente que de no haber tenido una hija, me habría perdido algo realmente increíble. Esta última frase es sorprendente para mi misma, persona que antes de escuchar su “reloj biológico” habría puesto su mano en el fuego para afirmar con rotundidad que “yo niños ni de coña”.
También he aprendido que soy una paranoica. Que si hoy no ha hecho caca, que si hoy ha hecho demasiada. Ha tosido tres veces, ¿será tosferina?, y ha estornudado cuatro veces hoy, ¿estará costipada?. Si la niña llora, algo le pasará, si no llora, mmm, igual tiene algo y está demasiado débil para llorar. Y es que la tremenda responsabilidad de tener la vida de un indefenso bebé en mis manos me tenía los nervios de punta. Ahora ya estoy mucho más tranquila y menos paranoica, pero el miedo a fallar, a no darme cuenta de algo malo que le estuviera pasando, a cometer un error grave, me tenía acojonadilla al principio. Le achaco parte de la culpa a ser científica y estar acostumbrada a controlar todas las variables de los experimentos ………. ¡En este experimento, sentía que no tenía absolutamente nada bajo control! La otra parte de la culpa supongo que la tiene el ser madre primeriza y no haber tenido contacto con bebés en toda mi vida.
Así que lo siguiente que he aprendido es ………. a relajarme. A darme cuenta de que si un día no come demasiado, ya comerá más al día siguiente. Si hoy no se ha echado una siesta, no pasa nada. Que si escupe un poco de leche después de cada toma, mientras siga creciendo en su curva, todo va bien. En fin, que si Irene está feliz, no hay motivo alguno para preocuparse y yo también estoy feliz.
Por supuesto, en cuestión de aprendizaje no puedo dejar de explicar que he adquirido una destreza envidiable en el noble arte del cambio de pañales, la captura de chupetes al vuelo y la sujeción de bebé escurridizo en bañera. Además me he dado cuenta de que eso de tener dos manos está sobrevalorado y que la mayoría de las actividades se pueden realizar solo con una, o ayudándose con la boca y/o los pies :-)
Y la otra cosa que he aprendido es que mi chico (aunque ahora es mi marido, aún no me acostumbro a escribirlo) no solo es la mejor pareja que podría desear sino que también es el mejor padre del mundo. Ya lo demostró durante el embarazo, y durante el parto y lo sigue demostrando cada día que pasa. Y cada vez que los veo juntos, riendo, jugando o simplemente la una en los brazos del otro, no puedo por menos que sentirme afortunada por tenerlos y por haber formado los tres nuestra pequeña y maravillosa familia.
jueves, 23 de junio de 2011
El primer mes y la lactancia
Desde antes de que naciera habíamos decidido que la lactancia materna era la decisión correcta, con todas las ventajas físicas y sicológicas para la niña y para mi, así que así lo comunicamos en el hospital. Y cumpliendo nuestros deseos al poquito de nacer ya estaba la niña intentando alimentarse :-)
Por supuesto, yo no tenía ni idea de como tenía que hacerlo, pero gracias a las enfermeras del hospital y a la consultora de lactancia, que me estrujaban y manoseaban el pecho como si fuera un trozo de carne :-) nos fuimos apañando. Mamaba bien, no me dolía nada, y aunque se tiraba sus buenos ratos en cada pecho, todo marchaba bien.
El estrés comenzó cuando nos dieron el alta y llegamos a casa, sin el apoyo de las enfermeras, solo madre e hija (que conste que el papá le habría dado de mamar si pudiera), pecho inexperto contra hija hambrienta. Los dos primeros problemas, la leche tardó en bajar unos 4 días, con lo que la niña se empezaba a desesperar (y no digamos la madre) y cuando por fin bajó ...... no había cacas!! Eso por supuesto nos llevó de cabeza al pediatra, que con inmensa sabiduría y un dedo lubricado “desatascó” literalmente al a niña que desde entonces hace un gasto de 8-10 pañales diarios.
En paralelo otro problema mas, el dolor!! Solo una persona me había dicho lo doloroso que podía llegar a ser dar el pecho, e ingenua de mi, yo pensé que a mi no me iba a pasar. Pero si, me pasó. Nuestra niña es lo que llaman modelo “barracuda” que se engancha y no para hasta que se ha saciado. La cosa es que cuando estaba en modo aprendizaje se enganchaba donde fuera, medio mal y de cualquier manera y yo que también estaba dando los primeros pasos en esto de la lactancia, no sabía corregirla, así que el resultado fue dolor, grietas y lo mas traumático ...... sensación de culpa al pensar que en realidad no quería darle el pecho, del dolor, cada vez que le tocaba comer. También se quedaba dormida mientras comía y había que estimularla e intentar despertarla constantemente, lo cual era muy frustrante y agotador. En fin, nada que ver con la bucólica imagen de la lactancia materna que uno tiene en la cabeza.
Aún así, firme en la decisión de amamantarla el mayor tiempo posible, buscamos alternativas y el papá se recorrió varias tiendas buscando pezoneras de silicona para poner una barrera entre la “barracuda” y mi lastimada piel. Sabía que eso podía generar rechazo a mi pecho cuando decidiera quitar las pezoneras, pero oye, mejor tener que usarlas siempre pero que la niña tomara mi leche a tener que abandonar por el dolor, no? Pues bien, tras 4 o 5 días usándolas y cuidándome el pecho con cremitas cicatrizantes, llegó el momento de volver al modo natural ....... y todo sobre ruedas.

Ahora todo va bien, la niña y yo hemos aprendido sobre la marcha y nos estamos entendiendo a la perfección. Ya no duele nada y estoy disfrutando al máximo de la lactancia, que una vez superados los problemas iniciales realmente es una experiencia fantástica de vínculo y cercanía con mi bebé. Y lo mejor de todo, es que ya me lo agradece sonriendo :-)
miércoles, 1 de junio de 2011
Hoy salgo de cuentas
Tal y como venia repitiendo una y otra vez, trabajé hasta romper aguas, y el día 19 de Mayo (2:30 pm), en medio de un experimento, empecé a notar unos chorrillos incontrolables e inconfundibles. Tras correr a avisar al papá de la criatura y evaluar sin lugar a dudas que era líquido amniótico (ventajas de trabajar en un laboratorio donde se tiene acceso a cosas como papel de pH) nos fuimos a casa a recoger la bolsa del hospital y la bola de yoga y rapiditos rumbo al hospital.
Para cuando llegamos allí y nos hicieron la confirmación oficial de que había roto aguas (otro papel de pH) ya eran las 4:45 pm y estaba 3cm dilatada, igualito que en la última visita al ginecólogo. Y he de decir que ahí si terminé de romper, porque cuando me levanté de la camilla para dirigirme a la que sería mi habitación y sala de partos ...... solté como mínimo medio litro de golpe para sorpresa mía y sobre todo del papá :-)
Una vez en la habitación pasó de visita, corta, muy corta, la doctora. Me dijo lo que ya sabíamos, que una vez que se rompe aguas hay 24 horas para que nazca la niña porque con el tiempo se incrementa el riesgo de infección. Así que tras ponerme una vía para recibir líquidos (o drogas en caso de necesidad, jeje) y estar pegada al monitor durante un rato largo, recibí permiso para andar y nos fuimos de paseo .... alrededor de la estación de enfermeras.
Tras unas cuantas vueltas, aburridos, volvimos a la habitación. Es una pena, porque de no haber estado en el hospital podría haber estado caminando largo y tendido y probablemente haber empezado con contracciones por mi misma. Pero con las limitaciones de espacio del área de maternidad no fue posible y a las 9:20 pm tras varios paseos y saltitos en la bola de yoga, la enfermera nos comunicó que la médico quería empezar la inducción.
Cuando comenzamos la pitocina, comenzamos las contracciones y la enfermera me preguntaba a cada rato mi nivel de dolor de 0 a 10. Es curioso, porque ..... como sabes cual es tu 10? Al menos yo no lo sabía, y si se supone que es ese baremo el que tienes que seguir para decidir cuando pedir la epidural, pues lo llevas crudo .....como yo lo llevé. Con la pitocina las contracciones subieron de intensidad muy rápido y los niveles de dolor se fueron incrementando a la misma velocidad, así que para cuando pedí la epidural, a eso de las 11:45 pm, ya estaba en un 7.
Antes de la epidural me tenían que poner 2 bolsas de líquido intra venoso porque la anestesia baja la presión sanguínea y tenían que estar seguros de que tenía en mi cuerpo las sales minerales, los líquidos y nutrientes que fuera a necesitar. Así que para cuando terminé con las bolsas y apareció la anestesióloga yo ya estaba aullándo de dolor en un 10 ...... o un 11!! Durante todo este proceso el papá estuvo respirando conmigo, primero despacio y sosegados, luego con un poquito mas de intensidad y al final, jadeándo a coro, jeje, una gran ayuda sin duda alguna.
Pero para la epidural le mandaron salir. Así que allí me quedé yo con mi 10 de dolor y sin mi apoyo sicológico, y él fuera preocupadísimo por mi. En fin, aguanté los pinchazos de la epidural como una jabata a través de contracciones bien jodidas y en 5 o 10 minutos tras la anestesia empezé a estar en la gloria!!! Mis respetos a los médicos varios que desarrollaron esta técnica tan maravillosa.
Tan fantástica fue la epidural que tanto el papá como yo tuvimos tiempo de echar una cabezadita, breve, corta, pero suficiente para coger un poco de fuerzas para la siguiente etapa del parto ......... sacar a la niña!
A cada rato la enfermera comprobaba mi dilatación y a eso de las 5 o 5:30, de la mañana siguiente, me comunicaron que estábamos listas para empezar a entrenar los empujones, así que a eso nos dedicamos la enfermera, el papá y yo durante la siguiente media hora. Para entonces, la enfermera que había bajado el goteo de pitocina me dijo que teníamos que parar y descansar un poco, y subir la pitocina otra vez para tener contracciones mas fuertes, que son las que ayudan a empujar a los bebés fuera. Cuando empecé con esas contracciones el nivel de presión, y dolor que sentí subió bastante, pero he de decir que cuando empujaba el dolor se reducía, así que estaba bien motivada para empujar. Eso sí, tras una hora de empujar se me fueron quitando no las ganas, sino las fuerzas, así que la labor de la enfermera y sobre todo del papá aguantándome las piernas y contando conmigo durante las respiraciones y los tiempos de empujar fue lo que me mantuvo serena y concentrada para poder seguir adelante.
Unos 20 minutos antes de que naciera la niña llegó la doctora, agradecida de que Irene no hubiera querido salir a las 2:00 de la mañana, interrumpiendo sus horas de sueño (chispa mañanera de ginecóloga, debe ser). Se colocó la bata, los guantes y nos dijo, bueno, bueno, es hora de sacar este bebé. Y eso hizo! Tras unos cuantos esfuerzos mas la cabecita empezó a asomar y cuando el papá me dijo que la veía, mis esfuerzos al empujar cogieron de nuevo mas fuerza y potencia, porque después de todo, ¿que importaba ese último dolor si ya casi estábamos?
A las 7:24 am de la mañana del 19 de Mayo, y con una mano delante de la cabeza al estilo superwoman, nació Irene pesando 3 kg 250g y midiendo 46 cm. Y cuando la pusieron sobre mi pecho, mofletuda, y con los ojos abiertos y la miramos por primera vez, entre lágrimas de alegría, nos enamoramos inmediatamente de ella. Y escuchar el aullido de sus pulmones abriéndose paso al mundo exterior fue música para nuestros oídos. Desde ese instante nos dimos cuenta de que lo habíamos logrado, ya éramos padres y ahora empezaba la gran aventura de nuestra vida.

Finalmente, por sugerencia del papá voy a confesar, el título de este hilo no es totalmente correcto :-) Lo fue cuando empecé a escribirlo, pero, como un recién nacido en casa no deja precisamente mucho tiempo libre para escribir, el hilo lo he acabado al día siguiente de salir de cuentas.
jueves, 14 de abril de 2011
19 veces
Pues si, ese es el número de veces que fui al baño un día cualquiera de la semana pasada, un día que me dio por contar. Ahora échale unos cuatro minutos por vez, teniendo en cuenta que levantarse y caminar hasta el baño lleva lo suyo. Esto nos da un total de 76 minutos, ¡una hora y 16 minutos! Esto es una barbaridad. Y la cosa se pone aún peor, si tenemos en cuenta que me quedan 47 días para salir de cuentas, nos ponemos en unas 60 horas que son nada más y nada menos que dos días y medio perdidos solo en ir al baño.
Y es que no solo son las veces, lo peor de todo es la urgencia. Ahora no es un “tengo ganas de ir al baño, pero me voy a aguantar hasta que termine con lo que estoy haciendo”, no, ahora es “tengo ganas de ir al baño, ………. corre que no llegas”. Y esta sensación se incrementa cuando la niña decide que pegarle cabezazos a mi vejiga es una de las actividades mas entretenidas dentro de la barriga. Que conste que yo la entiendo, que se que además de tirar del cordón umbilical y patear no hay mucho mas que hacer, pero eso no quita que me acuerde de su madre (ups, soy yo) cada vez que cabecea duro.
Eso si, si comparamos el tamaño de la vejiga en un estado temprano del embarazo con el que tiene a las 40 semanas (en rojo en la imagen), se entiende perfectamente que no son solo los cabezazos. Es la falta total y absoluta de espacio en el cuerpo para acomodar no solamente la vejiga, sino el resto de los órganos. Con razón el embarazo se acompaña de ardores, y de gases, y de estreñimientos (afortunadamente de esto último yo aún no tengo).
En cualquier caso ………. ya va quedando poquito y estoy segura de que cuando tenga a Irene en los brazos todas estas pequeñas incomodidades del embarazo habrán merecido la pena.



