Pues si, me quedan 70 días de embarazo, 10 semanas, por supuesto asumiendo que la niña venga con la misma puntualidad británica que caracteriza a sus padres. En cualquier caso, y porque no me aguanto las ganas de verle la cara, es un buen momento para empezar la cuenta atrás.
Bueno, en realidad lo de verle la cara es una mentirijillas porque…….. ya lo hemos hecho. No contábamos con ello porque hacer las ecografías tridimensionales es bastante caro y después de esperar tantos meses, bien podíamos esperar otros poquitos mas para sacarle fotos en vivo y en directo, ¿verdad? Pero la cosa es que al final tuvimos foto en 3D “by the face”. En la última ecografía teníamos la cita bastante tarde, a las 5:30, así que en la oficina solo quedaba la técnico de ecos, el resto, hasta las administrativas ya se habían ido. Entramos y empezamos la eco, Irene estaba bien accesible y le pudo tomar una buena foto (normal) de perfil. Le comenté que estaba contenta, porque en la eco anterior no había sido posible sacarle un perfil, que la muy pilla se giraba y se tapaba con las manitas, así que teníamos a familia y amigos ansiosos por fotos nuevas de la criatura. Lo siguiente que vimos…….. ¡la cara de Irene en la pantalla! Moviendo las manos y abriendo y cerrando la boca. Nos sacó tres fotos bajo promesa de no decirle a nadie en la oficina, y tras los múltiples agradecimientos nos fuimos a casa felices cual perdices, con la sonrisa enganchada en las orejas, a enviarlas a los abuelos.
Y, ¿Cómo está Irene? Pues está grande, pesa ya un kilo y medio. Y me acompaña todo el día con sus pataditas, giros e hipos. Sabemos que oye bien, porque se despierta todas las mañanas con el sonido del despertador a darme mi primera patadita del día. Y a veces cuando su padre me agarra la barriga y la llama por su nombre, también le patea. Se supone que a estas alturas de su desarrollo está bebiendo (y respirando) líquido amniótico, y paladeando las delicias que yo coma, así que haciendo un sacrificio solo estoy comiendo cosas ricas, por mi hija.
Y, ¿Cómo estoy yo? Mmmmm, feliz ante todo. Y también consciente de mis actuales limitaciones. Mi cuerpo está pasando por una drástica transformación, que es mágica e indescriptible por un lado y agotadora por el otro. Afortunadamente la parte buena ayuda a sobrellevar la parte jodidilla con una sonrisa en la cara. A estas alturas he aumentado unos 7 kilos de peso, tengo un 50% más de sangre que hace 7 meses, la barriga mas grande que un balón de baloncesto y visito el baño con una frecuencia abrumadora. Así que todo progresa adecuadamente. Por otro lado sufro de ardores esporádicos, dolores de espalda intermitentes e hinchazón de pies. Con lo que digo yo que tampoco es tan horroroso, ¿verdad?.
Y, ¿Cómo está el papá? Pues feliz también. Viviendo el embarazo con mucha intensidad, no perdiéndose ni una sola cita médica, agarrándose a la barriga a cada rato, hablándole. Y sobre todo apoyándome, no mucho, muchísimo. Haciéndose cargo de las tareas que yo ya no puedo hacer y cuidándome. ¡Va a ser el mejor papá del mundo!
Así que aquí estamos los tres, a 10 semanas del desenlace, aprendiendo sobre la marcha y disfrutando de lo que podemos llamar: el experimento más importante de nuestras vidas.






